domingo, 4 de agosto de 2013

Ayer, sábado 3 de agosto, la mañana empezó para la mierda. Jugué contra San Martín de Burzaco. Nos pegaron un baile terrible, y perdimos 3 a 1. Eso no fue lo peor, me echaron. Por primera vez en cuatro años. A la tarde, ya menos caliente, me dormí una siesta eterna. Vi a Vélez por la tele (cosa que en verdad odio) porque no pueden ir visitantes a la cancha, y cuando ganamos en el minuto 90, el día tomó otro color. Más lo fue cuando se hizo de noche, arreglamos con unos amigos para salir. Y fuimos a Pound. Es aproximadamente la quinta o sexta vez que voy. No me gusta, para nada, pero voy. Claro, van mis amigos, y como la gran mayoría de nosotros no llegamos a los 18 años y los patovicas no te rompen mucho los huevos con el dni, ya fue... Pero repito: no me gusta. No la paso bien. Sin embargo ayer la historia no fue la misma. Por suerte! Salimos desde Vélez un gran grupo de pibes. Como siempre se cantaron canciones de cancha en el colectivo.
Llegamos y entramos. Había una buena cantidad de gente, ni hasta las manos ni una pobreza. Nos reímos un rato, tomamos un par de cervezas, hablamos de fútbol, y hasta de hockey! Pero la mejor parte llega a eso de las 4 AM pasadas, cuando generalmente las personas del boliche empiezan a caerse. Esta vez fue distinto, la noche empezó a alegrarse cada vez más. Y en mi opinión esto se debió a Roxy, como se llama una parte de Pound, por así decirle. A Roxy y sus temas, que más que para bailar son para cantar. Para cantar desde el alma, porque son esas canciones que te llenan. Se escuchó de todo: No te va a gustar, Calamaro, Árbol, Kapanga, entre otros. Y gracias a ellos, a ellos y a Roxy que te pasa esos temas, la alegría de todos las personas, al menos de ellas que salieron desde Vélez, fue cada vez mayor. Terminamos yéndonos en el 34. Un héroe pagó con su SUBE unos $13 para que el chofer, encabronado, ponga en marcha el colectivo que había parado hace apenas unos minutos. Después de que todos bajáramos, yo me volví en el 21 a mi casa. Llegué, me tapé, y me dormí. Ahora, en este momento que escribo esta pobre nota, me preparo para la rutina de toda la semana. Pero la arranco de una manera distinta, esperando que hayan más salidas como la de ayer. Esas salidas que te hacen sentir lleno. Que te hacen sentir que sos un hombre libre.

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